"...la curiosidad pudo en mí más que la piedad, y es sabido que la curiosidad es una de las cosas que más hacen al hombre cruel."
(pg 71 de paquete Span 339)
Al leer "El que se enterró" de Miguel de Unamuno, una cita se
destacó en mi mente y me hizo pensar. El hombre, que esta obviamente estresado
y molesto por algo, trata de empezar a contar su cuento y es evidente que es
difícil para él. Me pareció interesante cuando el hombre que lo escucha, dice,
"...la curiosidad pudo en mí más que la piedad, y es sabido que la
curiosidad es una de las cosas que más hacen al hombre cruel." Después de
terminar la historia, la cita se quedó en mi cabeza. Me quedé pensando si esta
afirmación es cierta. Me hizo pensar de veces en mi vida que he observado este
tipo de acción o cuando actue de esa manera. ¿Alguna vez dejé que mi curiosidad
se ganara mi compasión? ¿Eran mis intenciones crueles? Mi primer pensamiento me
hizo recordar cuando mi marido y yo estuvimos manejando y vimos un gran
accidente en la carretera. Mi marido estaba conduciendo y tuvimos que esperar
un buen 30 minutos antes que el tráfico se mejoraba y que nos permitieron pasar
por la escena del
accidente. Curioso, le rogué a mi marido que frenara para que yo pudiera ver lo
que había sucedido. Pensando en esta cita en relación con este incidente, me di
cuenta de mi curiosidad y que me hizo ganar compasión por las personas
involucradas en el accidente. Yo no tenía intención de parar y ayudarlos, ya
que los paramédicos estaban allí, realmente lo único que quería ver es lo que
había sucedido. Pero, no lo hacia para ser cruel, por lo que en realidad no
totalmente esta relacionada con la cita. Mi segundo pensamiento fue en un
incidente que ocurrió este verano en la oficina de mi marido. En su oficina,
había cerca de 65 empleados y la mayoría trajeron a sus esposas y hijos. Un
día, estaba sentada junto a la piscina leyendo un libro y escuchando música
cuando un grupo de mujeres de nuestra oficina se sentaron cerca de mí y
empezaron hablar de una de las chicas en nuestra oficina. Estaban
charlando y deciendo mentiras sobre esta chica. Oyendo la conversación, oí un
montón de mentiras que no eran verdad y eran comentarios hirientes acerca de
esa empleada. Ya que mi marido dirigia a esta chica, yo sabía la verdad de lo
que estaba pasando, pero debido a mi curiosidad, seguí escuchando estos chismes
y no lo impedi. Esta misma chica de la quien estaban hablando me había tratado
con rudeza cuando la vi por primera vez, así que usé eso como una excusa para no hacer nada acerca de
las mentiras que se propague. ¿CRUEL? SÍ. Pocos días después el chisme se
extendió como uno fuego salvaje en nuestra
oficina, mi marido me preguntó si sabía cómo
empezó porque quería que se detuviera. Había afectado a la niña tanto que vino
a mi marido llorando. Cuando mi marido me dijo esto, me sentí tan mal que había
dejado mi curiosidad de escuchar a estas mujeres, ganarse sobre mi compasión
por esta persona. Porque no actue para detener los rumores y sabía que con el
tiempo le haría daño; Me di cuenta de que fui cruel con ella. Esto me recordó
una escena de la película, Doubt:
La historia contada por el Padre Flynn, me recordó a este
incidente y el chisme cruel. El chisme puede causar tanto daño y se
extendió como
plumas en el viento; imposible de recuperar. Cuando decimos chismes, estamos
dejando que nuestra curiosidad gane sobre nuestra compasion por otros y estamos
siendo cruel. Afortunadamente, muchas de las mujeres y yo nos hicimos buenos amigas con ella. Ella estaba dispuesta a perdonar por nuestra crueldad. He
aprendido una buena lección con esa experiencia, que siempre se detengan
chismes y nunca participar.
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